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Tres hábitos que separan a un programador mediocre de uno fiable

Tres hábitos que separan a un programador mediocre de uno fiable

Después de años trabajando como desarrolladores en empresa y dando clases, hemos visto que la diferencia entre alguien que se atasca siempre y alguien en quien se puede confiar no está en la memoria ni en el lenguaje que usa. Está en tres hábitos, y los tres se pueden entrenar desde primero de un ciclo.

1. Leer código que no has escrito tú

Casi nadie practica esto y es lo que más rápido hace crecer. Coge un proyecto pequeño en el lenguaje que estés estudiando y responde a tres preguntas: por dónde empieza la ejecución, qué hace cada archivo y dónde tocarías para añadir una función nueva.

Leer código ajeno te enseña convenciones, formas de organizar y patrones que nunca aparecerán en un ejercicio de clase. Además es exactamente lo que harás en un trabajo real, donde el 90 % del tiempo lees antes de escribir.

2. Depurar en vez de adivinar

El hábito más caro es cambiar cosas al azar hasta que “parece que funciona”. Cuando eso ocurre, el problema sigue ahí, solo lo has movido de sitio.

Depurar es un método: lee el error completo, localiza archivo y línea, comprueba el valor de las variables justo antes del fallo y reduce el caso hasta la mínima parte que lo reproduce. Si quieres el proceso detallado, lo explico paso a paso en cómo depurar código cuando no sabes qué falla.

3. Explicar en voz alta lo que has escrito

Si no puedes explicar tu código sin leerlo línea a línea, todavía no es tuyo. Obligarte a contarlo —a un compañero, en un comentario o solo en voz alta— destapa las partes que copiaste sin entender.

Este hábito tiene un efecto secundario muy útil: es lo que te piden en una defensa de proyecto y en una entrevista técnica. Nadie evalúa si recuerdas la sintaxis, evalúan si razonas.

Cómo entrenarlos sin añadir horas

No necesitas más tiempo de estudio, necesitas cambiar cómo usas el que ya dedicas:

  1. Antes de escribir, lee cinco minutos de código de otra persona.
  2. Cuando aparezca un error, prohíbete tocar nada hasta haberlo leído entero.
  3. Al terminar un ejercicio, explícalo en tres frases sin mirar la pantalla.

Si llevas semanas repitiendo el mismo tipo de bloqueo, una sesión individual sobre tu propio código acelera mucho el proceso: se ve enseguida cuál de los tres hábitos falta. Puedes ver cómo trabajamos en las clases particulares de programación.

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